Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – “Dios no puede pasar sin buscar al que está perdido”. Lo escribe el Papa Francisco en el texto de la catequesis preparada para la Audiencia General de hoy y difundida, como sucede desde hace más de un mes, sólo por escrito y a última hora de la mañana. El Pontífice, continuando el ciclo de catequesis dedicadas a la vida de Jesús leídas a la luz de los temas del Año Santo que vive la Iglesia, se ha detenido hoy en el encuentro que Cristo tuvo con Zaqueo, “un episodio que me es particularmente querido, porque ocupa un lugar especial en mi camino espiritual”, revela el Obispo de Roma en el texto.
El encuentro tiene lugar en la ciudad de Jericó, “situada bajo el nivel del mar” y por ello “considerada una imagen del infierno, donde Jesús quiere ir a buscar a aquellos que se sienten perdidos. Y, en realidad, el Señor Resucitado sigue descendiendo a los infiernos de hoy, a los lugares de guerra, al dolor de los inocentes, al corazón de las madres que ven morir a sus hijos, al hambre de los pobres”.
El retrato que el evangelista Lucas hace de Zaqueo es despiadado: “no solo es publicano, es decir, uno que recauda impuestos de sus conciudadanos para los invasores romanos, sino que es incluso el jefe de los publicanos, como diciendo que su pecado se multiplica”. Y no sólo eso. El autor del texto sagrado, subraya el Papa, señala que “Zaqueo es rico, dando a entender que se ha enriquecido a costa de los demás, abusando de su posición”.
Pero “cuando se entera de que Jesús está atravesando la ciudad, Zaqueo siente el deseo de verlo”. A él, subraya el Pontífice, “le bastaría con mirarlo desde lejos”, pero su deseo debe toparse con la realidad: es bajo y la multitud le impide ver a Jesús. Por eso, “como un niño, se sube a un árbol… para mirar sin ser visto, escondiéndose detrás de las frondas”.
“Pero con el Señor siempre ocurre lo inesperado: Jesús, cuando llega allí cerca, alza la mirada. Zaqueo se siente descubierto y probablemente espera un reproche público. La gente tal vez lo habrá esperado, pero se sentirá decepcionada: Jesús le pide a Zaqueo que baje inmediatamente, casi maravillándose de verlo en el árbol, y le dice: ‘¡Hoy tengo tengo que alojarme en tu casa!’”.
En este pasaje el evangelista, señala de nuevo el Papa, “destaca la alegría del corazón de Zaqueo”, “es la alegría de quien se siente mirado, reconocido y, sobre todo, perdonado. La mirada de Jesús no es una mirada de reproche, sino de misericordia. Es esa misericordia que a veces nos cuesta aceptar, sobre todo cuando Dios perdona a quienes, en nuestra opinión, no se lo merecen. Murmuramos porque nos gustaría poner límites al amor de Dios”.
Y en casa Zaqueo, “después de escuchar las palabras de perdón de Jesús, se levanta, como si resucitara de su condición de muerte. Y se levanta para comprometerse: devolver el cuádruple de lo que ha robado. No se trata de un precio a pagar, porque el perdón de Dios es gratuito, sino del deseo de imitar a Aquel de quien se sintió amado. Zaqueo asume un compromiso al que no estaba obligado, pero lo hace porque entiende que esa es su forma de amar. Y lo hace combinando la legislación romana sobre el robo y la ley rabínica sobre la penitencia. Zaqueo entonces no es solo el hombre del deseo, es también alguien que sabe dar pasos concretos. Su propósito no es genérico o abstracto, sino que parte precisamente de su historia: ha mirado su vida y ha identificado el punto desde el que iniciar su cambio”, concluye el texto de la catequesis pontificia.
(F.B.) (Agencia Fides 2/4/2025)