ASIA/MYANMAR - El Arzobispo de Mandalay entre los sin techo: “La tragedia no ha apagado la esperanza, resucitaremos con Cristo”

jueves, 3 abril 2025 terremoto   asistencia humanitaria   guerra civil   jubileo  

Por Paolo Affatato

Mandalay (Agencia Fides) – “El sufrimiento es cada vez mayor, pero nuestra esperanza en Dios sigue creciendo. Hoy nuestro pueblo se aferra aún más a la certeza de su amor y misericordia. Hay un mensaje divino que va más allá de nuestra comprensión humana. Nuestro único camino es confiarnos a su amor misericordioso y reafirmar nuestra esperanza en su plan de salvación”, ha declarado en una entrevista con la Agencia Fides Marco Tin Win, Arzobispo de Mandalay, la región más afectada por el devastador terremoto del 28 de marzo.

En una situación de conexiones eléctricas y telefónicas intermitentes debido a los daños en las infraestructuras, el Arzobispo ofrece un panorama de la crisis y del espíritu que anima a los aproximadamente 20.000 católicos de Mandalay, muchos de ellos ahora desplazados. Él mismo, junto con los sacerdotes de la curia, comparte la suerte de los sin techo: la catedral y la casa episcopal han sufrido graves daños estructurales, por lo que, por seguridad, ha pasado las noches en la calle junto a la población, aún conmocionada y asustada.

Tras las primeras horas de trauma y desconcierto, la respuesta de la Iglesia fue inmediata. “En cuanto se produjo el terremoto – relata -, sacerdotes y religiosos se movilizaron para alertar y rescatar a las personas en iglesias, conventos y el seminario. Nos aseguramos de que nadie resultara herido y brindamos apoyo a los niños asustados y a los que habían quedado abandonados en las calles. Muchas personas han buscado refugio en los complejos eclesiásticos que aún se mantienen en pie. Con nuestros limitados recursos compartimos con ellos agua, comida y cobijo, a la espera de la llegada de ayuda exterior”.

El arzobispo Tin Win describe una situación dramática. “El epicentro del sisma, entre las ciudades de Mandalay y Sagaing, se encuentra dentro de la archidiócesis de Mandalay. Los primeros informes indican que más de 1.000 personas han perdido la vida solo en esta región, más de 2.200 han resultado heridas y 200 permanecen desaparecidas. La respuesta humanitaria se centra en atender las necesidades más urgentes: agua potable, alimentos, refugios provisionales, medicamentos y kits de higiene”.

La comunidad católica también ha sufrido pérdidas. “Algunas familias lloran a sus seres queridos, y varias infraestructuras religiosas han quedado destruidas”, señala el Arzobispo. “Se han derrumbado la iglesia de María Auxiliadora en Sagaing, la iglesia de Nuestra Señora de Lourdes en Yamethin y la iglesia de los Santos Joaquín y Ana en Sint Kaing. De las cuarenta iglesias de la diócesis, estas son las más afectadas, mientras que otras 25 presentan daños estructurales que impiden celebrar liturgias con seguridad. Además, el Seminario Intermedio de Mandalay y el Seminario Menor de Pyin Oo Lwin han sufrido graves desperfectos”.

A pesar de la devastación, la fe sigue intacta. “La tragedia no ha apagado la oración, sino que la ha intensificado. En medio de la guerra, el terremoto y el duelo, 'estamos en la cima del dolor', pero nadie se siente solo”, afirma el Arzobispo. “Sufrimos juntos, nos consolamos y rezamos juntos. He dirigido palabras de aliento a la gente: 'No tengáis miedo, estamos aquí. El Señor nos dice: Yo estaré con vosotros'”.

La catástrofe ha despertado un profundo sentido de solidaridad. “Las diferencias quedan atrás cuando el sufrimiento nos une. Veo a personas ayudándose unas a otras sin importar su origen, religión o clase social. La caridad y la fraternidad se han multiplicado. Muchas personas de buena voluntad han acudido a servir a las víctimas, una señal esperanzadora en medio de tanta desolación” continúa el Arzobispo.

Además, pide oración por Myanmar: “Roguemos por el descanso de las almas de los fallecidos y por el consuelo de los heridos y los que han quedado solos. Pidamos a Dios la fuerza para ser instrumentos de ayuda espiritual y humanitaria, y para ser testigos de su amor en cada persona. Imploramos también la paz para nuestro país, herido por la guerra y el terremoto”.

La cercanía de la Iglesia universal es un gran consuelo. “Nos reconforta saber que toda la Iglesia, tanto a nivel nacional como internacional, está con nosotros. El Papa Francisco reza por Myanmar, y eso nos llena de esperanza”, concluye el Arzobispo. “La Pascua se acerca: estamos en manos de Dios y resucitaremos con Cristo. En este Año Jubilar renovamos nuestra esperanza en Él y nos encomendamos a María, Madre de Dios, para que nos proteja del mal, del peligro y de la muerte”.
(Agencia Fides 3/4/2025)


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